NOCHE DE LLUVIA

La melodía que acompaña mi proceso de este escrito. 

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NOCHES EN DESVELO

Este año se cumple un ciclo de 5 años que inicié un proceso de autoconocimiento, sanación, empoderamiento pero sobre todo redescubrimiento personal. A 5 años de distancia donde por momentos me llegué a sentir tan pequeña, tan abrumada, y tan aislada que ahora, aveces por pequeños momentos me vuelvo a sentir un poco igual, esta sensación me hace sentir como si hubiese retrocedido en el tiempo, como si por un instante hubiese perdido mi raíz y mi ancla. Volátil y a la deriva son sensaciones que ya conozco y que pensé que había logrado hacer amiga, no padezco como tal, solo me cuestiono que tanto logré avanzar, qué tanto logré derrotar a mis demonios internos. Aunque pensándolo bien no es una lucha definitiva que queda en un sólo round sino que en la derrota, aprendes la estrategia para el siguiente y el siguiente, de tal manera que se vuelve una práctica constante que deja de ser lucha para convertirse en una integración. 

Ahora ya es de noche y cae la lluvia, no recuerdo cuántas veces me he abrazado cobijada bajo una noche lluviosa como esta, tratando de sentir refugio entre mis brazos porque no había más. Tratando de brindarme y de encontrar un sostén más grande para mi vida. Recuerdo algunas noches con lágrimas entre mis ojos, como si la lluvia se hiciera presente para enjuagar mi visión después de alguna aparente desolación o decepción. Curioso, que las noches de lluvia sean mis favoritas, quizás porque ha sido mi compañera en mis procesos, dicen que las lágrimas son memorias derramadas, memorias que ya no puedes cargar y se disponen a ser liberadas. Elemento agua, elemento del akasha, y de la sabiduría ancestral. Sin embargo, pese a cualquier condición en la que me pudiese encontrar, abrazarme y confiar; es la forma que he encontrado para renunciar al control y encontrarme con la vida para hacerle una declaración radical de confianza y al mismo tiempo una plegaria con la fe de que todo va a mejorar, abandonando cualquier intento por averiguar el cómo y simplemente rendirme ante el misterio de cómo opera el amor y el sostén divino y sólo creer que ahí está, como una forma de convocar, despertarlo y al fin, sentirlo dentro de mí. Por eso, aunque no pueda ver más que una oscura habitación, me rindo. Decido creer que cuando hablo con el corazón algo invisible sucede, algo en el campo de lo onírico y transpersonal se mueve y se despiertan sentidos que van más allá de la materia que conocemos para tocar el campo de lo intangible, haciendo visible y entendible lo que el ruido de lo cotidiano opacó, no obstante, desde el abrazo que me doy y desde un profundo sentir de mis adentros llamo al amor, aprender desde el amor, contención y madurez, así es como inició este ciclo de hace poco más de 5 años, para poder apreciar el tiempo como un aliado y no como el tirano que me presiona para apresurar las cosas, en cambio, verlo como un sabio consejero que me enseña a permitir que todo tome un lugar y se acomode, rendirme nuevamente ante la necesidad del control. Entonces, ¿Cuántas veces me abracé bajo la lluvia? No lo sé, no las conté, pero tengo la sensación de que han sido milenios, quizás en otras vidas, quizás desde que tengo memoria, donde la supervivencia me alcanza y el refugio apenas si cubre mis pies del frío. Desde que supe que mi vida me pertenecía y debía tomar elecciones que me movieran a estar tranquila, he tenido esta sensación de estar familiarizada con la falta de protección y de ahí, mi necesidad de proteger. 

En cualquier caso, me abrazo, me abrazo tan fuerte que es como si lograra al fin sentir, aún más profundo, tanto que es como si no estuviese del todo sola, sino alguien más allá y más sabio y más fuerte cubriéndome con calidez y esperanza, algunos le llaman el Yo Superior, pero a mi me gusta pensar que puede ser alguna especie de amigo estelar o guía o guardiá que, excéntricamente se comporta como un entrenador de vida que me anima a permanecer, y al mismo tiempo me felicita por ser tan valiente, aunque dentro de mí siempre respondo que en realidad no he hecho nada como para decirme valiente, pero siempre me recuerda reconocer el camino recorrido y en esta atmósfera donde hay tanta intimidad divina, donde no hay comparaciones externas, puedes reconocer quién en verdad eres y lo que has caminado, y apreciar cada paso, perdonándote y pidiendo perdón, porque nadie más nunca podrá apreciarlo de la misma manera ya que cada quien tiene su propio camino y su propia apreciación para que cada quien aprenda a reconocerse en él.

Ahora mismo no tengo un cierre para esta charla conmigo misma, por ahora mi deseo es descansar y permitir que en mis sueños termine de integrarse sabiduría. Mientras tanto, llueve.